La Música que nos Marcó: Tangerine Flavour

Mezclando décadas y artistas

La música que nos marco-3

Cuando los ecos de las últimas estrofas de ¨Can´t you see¨ aún resuenan en Barcelona y los chicos de Tangerine Flavour se recuperan de ese ultimo concierto, nos llegan las influencias musicales que marcaron a Alejandro Vizcaino, guitarrista de la banda y una de las nuevas incorporaciones que los madrileños han presentado en esta nueva gira. Una mezcla de estilos y décadas que estamos seguros harán las delicias de nuestros lectores.

  • A love supreme – John Coltrane (1964)

Este es un disco muy especial que me ha acompañado en grandes momentos de mi vida. A Love Supreme me lo he puesto en mis cascos antes de realizar cualquier acto que requiriese una quietud mental considerable, desde antes de un examen importante hasta antes de una cita. También me lo he escuchado a altas horas de la madrugada con amigos en casa, todos envueltos en cierta aura espirituosa. Quizás soy un freak y todo fuera placebo, pero bendito placebo el que me brindaba John Coltrane cuando escuchaba ese inicio de ceremonia asiática que desemboca en la línea de bajo que marcará el principio de un largo viaje por todos los sentimientos humanos. A Love Supreme ha sido el fármaco que me ha purgado de perturbaciones externas durante años.

Lo especial de este álbum es que el propio Coltrane se encerró una semana en su buhardilla y le dijo a su esposa que no lo molestara. Cuando salió confesó que era la primera vez que lo tenía todo claro en su cabeza antes de escribir nada. Por inspiración de las musas y tras mucha tinta y partituras, Coltrane consiguió plasmar esa idea final que tenía en su ópera prima, A Love Supreme, un disco que representa a la divinidad (es circular, cada canción simboliza una de las fases del reconocimiento de lo divino o lo humano, según como quieras verlo).

Coltrane unió dos mundos, el matemático-musical y el trascendente, y de este modo construyó una catedral del jazz, una expresión de lo bello que se muestra como una conversación con Dios donde él es el predicador.

 

  • Time out of mind – Bob Dylan (1997)

Indudablemente uno de los discos del bardo de Minnesota que más me han absorbido. Es una declaración de intenciones desde el primer verso de Love Sick. Las respiraciones de Dylan, el aura misteriosa que desprenden los teclados, las letras escritas desde lo más profundo del abismo, las viejas y sucias guitarras quejándose… Este disco tiene todos los ingredientes para una catarsis.

Dylan se abre en canal y muestra todas sus emociones a la audiencia con las armónicas de senectud como la de Tryin’ to Get To Heaven, el desgarro romántico de Make You Feel My Love o el análisis poético de una vida que lleva a cabo en Not Dark Yet. Todo ello no puede sino emocionarte.

Muchos lo califican como el resurgir de Dylan, pero yo no lo llamaría así. Yo creo que es el inicio de otro Dylan, el de la arruga (aunque Oh Mercy fuera ya una precuela). Time out of Mind tiene todas las notas esenciales del Dylan maduro. Mantras melódicos hipnóticos, dureza vocal, armónicas profundas y cavernosas… La producción de Lanois es clave para darle a Dylan el empuje que necesitaba a través de una vuelta a la riqueza de lo analógico. El disco tiene vida propia y se expande en cada canción hasta llegar a la epopeya de 16 minutos y medio de Highlands.

Uno de mis versos preferidos es esta maravilla que bien podría ser un aforismo de Nietzsche. En ellos el bardo sintetiza como nadie una especie de abrazo entre el pesimismo y el optimismo, una suerte de vitalismo:

When you think that you lost everything
You find out you can always lose a little more’’

(Cuando pienses que lo perdiste todo

te darás cuenta de que siempre puedes perder un poco más)

Tryin’ to Get To Heaven, Bob Dylan

  • Polygondwanaland – King Gizzard & the Lizard Wizard (2017)

Hay discos y grupos que son como una inyección de adrenalina en el corazón. Fishing for Fishies me enganchó a ellos, pero este trabajo fue el que más me impresionó por lo vanguardista que es. Definitivamente fue el disco que me hizo tomar conciencia de los mundos musicales a los que pueden llevarte los compases que están fuera del 4/4, además de la fantasía que surge al mezclarlos. Por ello tampoco es un disco fácil de escuchar. Además, pienso que sin duda alguna hay que hacerlo de principio a fin.

Psicodelia mezclada con progresivo y jazz, guitarras acústicas y eléctricas en duelo, bajos directos al estómago, riffs que saltan como cuchillos… Las voces se mantienen en una tonalidad baja todo el rato para predicar una crítica al género humano desde la apertura de la conciencia, todo ello a través de una simbólica narrativa de ciencia ficción en forma de épica medieval.

Después de una deriva musical polifacética que les lleva desde el garage psicodélico pasando por el jazz, en este disco los australianos te llevan de la mano en una odisea sideral por Polygondwanaland, la tierra de los polígonos. Escuchar este LP es toda una odisea como la de Ulises, pero en un planeta como Dune. Uno de los imprescindibles del siglo XXI.

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