
Sarria sigue soltando pistas de lo que se trae entre manos para este otoño. El artista malagueño presenta “Artificial”(Esmerarte, 2026), cuarto adelanto de un disco que promete romper más de una expectativa. Y es que, si alguien esperaba encontrarse con el sonido habitual de Sarria, quizá tenga que reajustar el GPS. Funk, disco, destellos psicodélicos y una clara vocación pop se dan la mano en una de las canciones más luminosas y pegadizas de su trayectoria.
Pero que nadie se deje engañar por el brillo de la pista de baile. Bajo esa superficie bailable se esconde una mirada crítica hacia una realidad cada vez más condicionada por algoritmos, filtros y apariencias. “Artificial” pone el foco en esa sensación de vivir dentro de un escaparate permanente, donde lo auténtico compite en desventaja frente a lo prefabricado.
La letra rebusca en los recuerdos de la infancia como quien encuentra una vieja caja olvidada en el trastero. Desde ahí, Sarria contrapone la espontaneidad de aquellos años a una vida cada vez más plastificada, lanzando una pregunta incómoda: cuánto queda de verdadero en las personas cuando todo parece diseñado para ser consumido y exhibido.
Lejos de caer en el derrotismo, el tema deja espacio para la resistencia. El mensaje final apuesta por mantenerse en pie, defender la propia identidad y seguir peleando por lo que uno es, incluso cuando el mundo parece empeñado en convertirlo todo en una versión de plástico perfectamente empaquetada.
En el apartado sonoro, “Artificial” se mueve con soltura entre la elegancia disco de finales de los setenta y la frescura de bandas contemporáneas que han recuperado ese legado para una nueva generación. Ecos de ABBA y Chic conviven con referencias más actuales como Parcels o Supertaste, mientras las guitarras funk terminan de redondear un cóctel irresistible que apunta directamente a convertirse en el tema más pop de todo el catálogo de Sarria.
El lanzamiento llega acompañado de un videoclip protagonizado por Antonio Serpiente y dirigido por Jorge Parejo. La pieza convierte las carreteras secundarias, los paisajes de tránsito y el icónico Toro de Osborne en el escenario perfecto para una pequeña anomalía visual. Vestido con un llamativo traje blanco, Serpiente atraviesa estos espacios cotidianos como si hubiera aterrizado allí por error desde otro planeta, reforzando la idea central de la canción: en un mundo cada vez más artificial, lo extraño quizá sea precisamente lo auténtico.
