
Aunque algunos se empeñen en firmar su certificado de defunción, el rock nacional sigue muy vivo… y de vez en cuando aparece alguien dispuesto a sacudirlo todo. Hanz Ruiz es uno de esos nombres. Desde 2023 viene tomando impulso y todo apunta a que 2026 será el año en el que su debut termine de poner las cosas en su sitio. El músico tarraconense, con pasado en Segonamà, arranca esta nueva etapa al frente de un power trío junto a Ignasi Mir a la guitarra y Joel Llauradó a la batería (y también a los mandos de la producción), dando forma a un proyecto con músculo, personalidad y ambición.
Tras dejar una primera pista con Frío, Hanz Ruiz pisa ahora el acelerador con Cosquilleo, un single que suena a salto sin red y a declaración de intenciones. Hay ADN de guitarras noventeras —esas que le llevaron a sentarse a la batería con Green Day como faro—, pero también una lectura actual que conecta con la nueva ola del indie-rock estatal. El resultado es un tema nervioso, afilado y pegajoso, donde conviven el ruido y la melodía con una naturalidad que engancha desde la primera escucha.
Sin medias tintas, Cosquilleo dispara directo al pecho. Su estribillo, casi como un reto lanzado al vacío, condensa esa mezcla de urgencia, duda y necesidad de sentir que atraviesa toda la canción. Hanz Ruiz convierte la incertidumbre en motor creativo y abraza una vulnerabilidad que aquí no se esconde, sino que se exhibe con intención.
El apartado visual refuerza esa vuelta a lo esencial: banda, actitud y símbolos que hablan por sí solos. Entre ellos, la correa roja de Hanz, un guiño claro a Billie Joe Armstrong y a toda una generación que creció con ese imaginario. Pasado y presente se cruzan así en un proyecto que no mira atrás con nostalgia, sino que utiliza esas referencias para empujar hacia delante. Con Cosquilleo, Hanz Ruiz no solo avanza hacia su primer disco: empieza a dejar claro que lo suyo va muy en serio.
