Minibús Intergalàctic convierte la duda en pura electricidad en su nuevo disco

Hay discos que confirman, y luego están los que directamente rompen el molde. Moviment Oscil·lant Polinòmic y=1/x, el segundo trabajo de Minibús Intergalàctic, pertenece sin duda a esta segunda categoría: un álbum que no solo despeja cualquier duda tras su debut, sino que eleva el listón hasta un lugar donde ya no se trata de promesas, sino de certezas.

Porque sí, aquello de “el difícil segundo disco” aquí queda completamente pulverizado. El quinteto de Girona no se limita a cumplir: aprieta los dientes, pisa el acelerador y entrega diez canciones que funcionan como una cadena de impactos, cada uno con más peso emocional y personalidad que el anterior. Si en Meditacions des dels Miratges Mercúrics había una mirada clara hacia los sesenta, aquí hay una ruptura consciente, una necesidad de mirar hacia dentro y sonar, por fin, como ellos mismos.

El resultado es un viaje sonoro tan ambicioso como bien ejecutado. Minibús Intergalàctic se mueve con soltura entre el space-rock, el shoegaze, el post-punk o ese indie ruidoso de finales de los 80, sin perder nunca un pulso psicodélico que actúa como columna vertebral. Hay ecos reconocibles —desde Spacemen 3 hasta Spiritualized— pero nunca suenan a copia: todo está filtrado por una identidad propia que ya no necesita esconderse tras referencias.

Los adelantos, ‘Per sentir-me ple’ y ‘L’Agredolça lliçó de la Vall del Mas Daurat’, ya dejaban entrever ese giro hacia un pop-rock más oscuro y contradictorio. En ellos se intuía ese juego constante entre placer y dolor, entre idealismo y desgaste, como si Jason Pierce se hubiera colado en una jam con The Jesus and Mary Chain o se hubieran perdido en algún club de la escena Madchester.

Pero el verdadero núcleo del disco no está solo en lo sonoro, sino en lo conceptual. Minibús Intergalàctic disecciona una de las grandes trampas contemporáneas: pensar tanto en cómo vivir que acabamos olvidándonos de hacerlo. ‘Barqueta’, con su aparente ligereza pop y ese aire a The Smiths, esconde una reflexión punzante; mientras que ‘Camí vell’, más extensa y cercana al rock clásico, invita a aceptar que el control absoluto es una ilusión.

Esa tensión deriva inevitablemente en otro de los grandes temas del álbum: el vacío existencial. ‘Mòbil continu’ lo aborda con un pulso de rock sucio que remite a Let It Bleed, mientras que ‘Gos ferit’ se sumerge en una deriva espacial y emocional que conecta directamente con el legado de Spacemen 3 y Spiritualized: soledad, flotación, vértigo.

Y sin embargo, el disco no se ahoga en su propia densidad. Hay vida —y mucha— en estas canciones. ‘Cap de trons’ irrumpe como un chute de descaro juvenil con aroma a los primeros Oasis, mientras que ‘Retalls i repunts’ construye un collage amoroso que respira el espíritu de The Brian Jonestown Massacre.

El tramo final es, probablemente, donde el disco termina de conquistar. ‘Blau’ es una pieza de shoegaze luminosa y melancólica que podría codearse sin complejos con Slowdive, y ‘Trapella’ cierra con una escapada hedonista hacia el rock electrónico más sudoroso, con referencias a Primal Scream o Kasabian: noches largas, excesos, amistad y esa épica cotidiana que también forma parte de crecer.

En conjunto, Moviment Oscil·lant Polinòmic y=1/x es un disco que entiende la contradicción como motor creativo. Más oscuro, sí. Más denso, también. Pero, sobre todo, más honesto. Minibús Intergalàctic no solo han superado la prueba del segundo álbum: han entregado un trabajo que respira verdad, riesgo y presente. Y eso, en estos tiempos, no es poca cosa.

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