Máximo: jazz, electrónica y clásica sin líneas divisorias

Hay músicos que utilizan el piano como punto de llegada y otros que lo convierten en punto de partida. Máximopertenece claramente a los segundos. A sus 23 años, el compositor portugués ha construido un universo en el que el jazz convive con la música clásica, la electrónica, la improvisación y las artes escénicas sin necesidad de establecer fronteras entre unos lenguajes y otros.

Su trayectoria habla precisamente de esa inquietud. Del trabajo con la electrónica junto a Xinobi a sus composiciones para cine y teatro, pasando por proyectos vinculados a la danza, la poesía o la moda, Máximo ha ido ampliando las posibilidades de un instrumento que entiende tanto como herramienta musical como vehículo para crear atmósferas y contar historias. Una inquietud que también se refleja en trabajos como Greatest Hits y PANGEA.

2026 está siendo, además, otro año de exploración. La presentación de “Cantiga Bailada”, construida a partir de las voces de las adufeiras de Idanha-a-Nova, y la creación de la banda sonora original de Lago dos Cisnes muestran a un artista que continúa buscando nuevos territorios desde los que desarrollar su lenguaje. Un recorrido que ya le ha llevado por escenarios y espacios culturales de Portugal y de otros países, y a festivales como Matosinhos em Jazz, Bons Sons o NOS Alive, donde también ha compartido escenario con Xinobi.

Más que reivindicar una etiqueta, Máximo parece interesado en ampliar las posibilidades de la música. En directo, esa filosofía se traduce en composiciones donde el virtuosismo queda al servicio de la emoción y la construcción de paisajes sonoros. El resultado es una propuesta contemporánea, inquieta y difícil de encasillar, propia de una generación que entiende que el jazz, la clásica, la electrónica y la experimentación pueden formar parte de una misma conversación.

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