
Aiko el grupo vuelve a escena y lo hace pisando fuerte, sin medias tintas. Su nuevo single, modo sigilo, irrumpe como un fogonazo: guitarras afiladas, pulso acelerado y una carga emocional que no se disimula.
Este primer adelanto de su próximo disco no se anda con rodeos. Modo sigilo se mueve en ese territorio incómodo donde lo involuntario manda: recuerdos que regresan sin aviso, lugares que activan la nostalgia y una herida que preferirías no tocar. La canción funciona como un recorrido interior en plena intemperie emocional, un paseo por ese descampado —real y simbólico— que conecta con algo que aún duele. Y ahí aparece el mecanismo de defensa: esconder lo que sientes, incluso de ti misma, activar ese “modo sigilo” para sobrevivir al impacto.
En lo sonoro, la banda afina su identidad sin perder la urgencia que les define. La batería empuja sin tregua, los teclados abren luz entre la distorsión y las guitarras sostienen una tensión eléctrica que desemboca en una melodía directa, reconocible, marca de la casa. Todo ello bajo la producción de Santi García en Ultramarinos Costa Brava, donde el tema encuentra ese equilibrio entre crudeza y precisión que lo convierte en un pequeño himno instantáneo.
El videoclip, firmado por Fissura, refuerza ese choque entre lo íntimo y lo extraño: una habitación caótica que actúa como refugio, convertida en una especie de cámara oscura donde se proyecta la naturaleza, frente a unos exteriores periféricos que se deforman hasta lo irreal. Un viaje visual que acompaña esa deriva emocional, entre lo que reconforta y lo que descoloca.
Modo sigilo no es solo un regreso: es el disparo de salida de una nueva etapa. Y ya está ahí fuera, listo para quedarse.
