La Música que nos Marcó: Alberto Montero

La música que nos marco-3

Seguimos con las presentaciones de los discos que han marcado el devenir musical de los artistas. En esta nueva entrega de La Música que nos Marcó nos centramos en los tres discos que le han influido a Alberto Montero. Un artista que acaba de lanzar un señor discazo y que podéis escuchar en este enlace.

  • Oasis – Definitely Maybe (1994)

Sí, you fui uno de esos adolescentes que se quedaron flipados con Wonderwall. Me compré su segundo disco What’s The Story (Morning Glory) debido a eso, pero mi fanatismo no llegó hasta que escuché por primera vez Supersonic en los 40 Principales, donde estaban retransmitiendo su concierto de Knebworth en agosto del 96. La intro de guitarra, la energía de la banda cuando entra la voz de Liam, el puente anticipando la emoción que está por venir. Cuando llegó el luminoso estribillo yo ya había pasado por el aro. A partir de ahí me compré su primer disco y, después de eso, dos cajas donde venían todos sus singles con unas memorables caras B. Canciones como Rock’n’roll Star, Bring It On Down, Live Forever o la propia Supersonic mezclaban el magnetismo melódico de The Beatles con la actitud punk de los Sex Pistols. A principios de los 2000 empecé a perder el interés por la banda, cuando su conservadora fórmula no daba más de sí y la fama y la cocaína influían cada vez más en su decadencia. Pero, definitivamente (sin quizás), Oasis fueron los que me motivaron a escribir mis propias canciones y a montar mi propia banda.

 

  • Love – Forever Changes (1967)

    Gracias a Oasis no solo empecé a tocar en una banda, sino que también me sirvió para conocer mucha música de los 60-70. Esto me llevó hasta, seguramente, mi disco favorito de todos los tiempos. En el año del verano del amor, esta banda de Los Ángeles se saca de la manga un disco que habla de, entre otras cosas, la muerte. Una maravilla donde domina la guitarra acústica, a veces en registro folk como Andmoreagain o The Red Telephone y otras en registro más rock como A House Is Not A Motel o Live And Let Live. Pero lo que eleva este disco al Olimpo musical son unos arreglos de cuerda y viento-metal estratosféricos, como en la inmortal Alone Again Or, en Old Man o en mi favorita Maybe The People Would Be The Times. El impacto que me causó este disco fue tan fuerte que cambió mi dirección compositiva: del brit pop a la psicodelia de la costa Oeste. Se puede comprobar en el primer disco de Shake Let Me Wear The Morning Sun (2005). De ahí en adelante, su influencia es palpable en todos mis discos hasta nuestros días, por ejemplo en la segunda canción de mi nuevo álbum Ciudad Dormida.



  • Almendra – Almendra (1969)

Este disco lo conocí a principios de los años 2000, creo que gracias a Juan Pedro Parras, productor y dueño del sello Greyhead Records, que fue quien sacó los discos de Shake y mis dos primeros en solitario. En 2010 decidí dejar el inglés de mis ídolos y empezar a escribir en castellano, mi lengua materna. Pero no resultó una tarea fácil. Si escribía una canción y en inglés me sonaba a Neil Young, por ejemplo, al pasarla al castellano me sonaba a canción de grupo odioso comercial. Esos primeros intentos me dieron escalofríos y hacía que volviera al inglés. Llegué a la conclusión de que necesitaba más referentes en español para facilitarme la tarea. Y aquí, Luis Alberto Spinetta jugó un papel muy importante. Este primer disco de Almendra es un disco mágico. Es como si los Beatles hubieran nacido en Buenos Aires. Melodías pop, guitarras eléctricas hippies, pero un trasfondo tanguero impregnando todo el disco. Almendra abre su historia discográfica con la eterna Muchacha Ojos de Papel, auténtico himno transgeneracional argentino, canción de amor folkie perfecta. También muy destacables son Laura Va (la She’s Leaving Home de Spinetta), Plegaria para un Niño Dormido (increíble que alguien con 17 años escriba con esa sensibilidad y madurez), Ana No Duerme o Color Humano (la influencia de la guitarra de Hendrix sobrevuela en estas dos últimas). Aunque mi favorita es la experimental A Estos Hombres Tristes, una auténtica exhibición de ritmos extraños, de sensibilidad y de virtuosismo vocal por parte del Flaco.



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